30% de ahorro de agua es la cifra recurrente al hablar de los nuevos sistemas de riego, pero la clave no es recortar la factura como sea, sino cultivar de forma más adecuada.

“Hay que apostar por sistemas sostenibles de alto valor añadido, que se consiguen al poner las TIC al servicio de las máximas del campo”, explica Juan Carlos Jiménez, fundador de la agrotecnológica Ig4 Agronomía.

La despensa española no puede competir en precio con la de países con mano de obra más barata, pero sí abrirse un camino más próspero reafirmándose en su calidad. Bien gestionadas, las explotaciones que se valen de nuevas tecnologías pueden potenciar su productividad. “No se trata de prometer ahorros imposibles, herramientas mágicas o drones todopoderosos, sino de usar adecuadamente desarrollos para conseguir mejores productos, un proceso en el que ganan el agricultor, el campo, la industria y los consumidores”, asegura el responsable de Ig4 Agronomía.

Lamentablemente, en la red de investigación de los centros públicos y privados se trabaja sin parar, pero los avances no suelen cristalizar, pues lograr una verdadera transferencia es el mayor reto pendiente. A las barreras económicas que hay que superar para implantar estos procesos, aún costosos por la falta de economías de escala, se suman las reticencias de los agricultores, que muchas veces prefieren los modos tradicionales como apuesta segura.